La alimentación en la persona con diabetes tipo 2

 La dieta es fundamental en el tratamiento de la diabetes tipo 2. Sin embargo, no hay estudios que demuestren de manera definitiva que un tipo de dieta (composición por principios inmediatos, menús, raciones, intercambio, etc.) sea superior a otras ni más fácil de seguir.

Es conveniente que la persona con diabetes elabore un plan de alimentación individualizado con el asesoramiento del personal sanitario que le atiende.

Los objetivos de la dieta en la diabetes son el logro y mantenimiento de un peso adecuado, alcanzar y mantener niveles de glucosa normales y la disminuir la presión arterial y las grasas en la sangre cuando están elevadas.

Su alimentación debe ser variada, equilibrada, con horarios regulares, fraccionada en 5 o 6 tomas al día y ajustada a los medicamentos que reciba.

La proporción de principios inmediatos (hidratos de carbono, proteínas, grasas) recomendables en la dieta de un diabético son iguales a las de la población general tanto para personas con sobrepeso como con peso adecuado. La proporción de aporte de las necesidades energéticas en forma de hidratos de carbono está entre 45%-60%, en forma de proteínas un 15% y menos del 30% en forma de grasas.

Algunos estudios demostraron que con dietas con bajo contenido en grasa se consigue una mayor reducción de peso frente a otras dietas con reducciones moderadas de grasa o reducciones de la cantidad de hidratos de carbono, por lo que pueden ser útiles cuando existe sobrepeso.

Las dietas con alto contenido en fibra (>20 g/día) facilitan la pérdida de peso, mejoran el control glucémico y el perfil lipídico.

Es muy importante adecuar la cantidad, regularidad de las tomas y tipo de hidratos de carbono. Las dietas con bajo contenido en hidratos de carbono (<30%) no deben seguirse porque se desconocen sus efectos a largo plazo.

La dieta debe ser rica en fibra (verduras, legumbres, cereales integrales y fruta) y pobre en grasas saturadas (carnes grasas, lácteos completos, embutidos y vísceras).

Las personas diabéticas con sobrepeso u obesidad deben reducir su peso hasta un peso deseable. Esto alarga y mejora la vida. La combinación de una dieta con la práctica de algún tipo de actividad física consigue mayores reducciones de peso que la dieta solo.

Tomar más grasas poli insaturadas que saturadas se ha relacionado en algunos estudios con una disminución del riesgo de mortalidad por cardiopatía isquémica.

Las personas con diabetes deben disminuir la ingesta de grasa saturada a <10% de la energía total y la de colesterol <200 mg/día. Esto también es aconsejable para las personas sin diabetes. Asimismo la sustitución de ácidos grasos saturados por insaturados disminuye los niveles de colesterol malo y mejora la sensibilidad a la insulina.

Los ácidos grasos omega 3 en población diabética como la ingesta de aceite de pescado, disminuyen los niveles de triglicéridos sin modificar los niveles de control glucémico.

La ingesta de proteínas recomendada aporta un 15%-20% de la energía total y se corresponde con unas necesidades de 0,8-1,3 g/kg de peso. Esta cantidad no influye en el desarrollo de la pérdida de proteínas por la orina (proteinuria).

Existen varias formas de planificar las comidas: basadas en menús, directrices, recuentos de hidratos de carbono, intercambio. No existen estudios que demuestren que una forma sea superior a otra, por lo que puede ser mas recomendable una u otra dependiendo de cada persona y de la experiencia de los profesionales para recomendar uno u otro método.

Referencias

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