Cirrosis hepática

¿Qué es la cirrosis hepática?

El hígado ayuda a digerir los alimentos, elimina toxinas como el alcohol, almacena energía y fabrica sustancias que ayudan a cerrar las heridas. Entre otras funciones. Cuando el hígado tiene cirrosis tiene dificultades para hacer bien estas funciones.

En la cirrosis aumenta el tejido fibrótico del hígado, que es como un tejido cicatricial, y disminuye el tejido normal, con células que funcionan bien.

Es una enfermedad seria que evoluciona lentamente. Inicialmente puede no dar ningún síntoma, pero a medida que progresa pueden aparecer complicaciones que pueden ser graves e incluso mortales.

En España murieron 5.505 personas (3.916 varones, 1589 mujeres) en 2010 por cirrosis hepática. Hubo 43 ingresos hospitalarios por cada 100.000 habitantes con una estancia media de 9.56 días.

La cirrosis hepática es irreversible, es decir, no tiene cura, pero las personas que la padecen pueden hacer mucho para retrasar el avance de la enfermedad.

¿Cuáles son las causas de la cirrosis hepática?

La causa más frecuente de cirrosis es el consumo de alcohol. No existe una cantidad precisa a partir de la cual hay riesgo de desarrollar una cirrosis ya que la susceptibilidad varía mucho de una persona a otra. La obesidad aumenta el riesgo de cirrosis en las personas que beben alcohol. Independientemente del peso, cuando el consumo de alcohol excede las 15 unidades a la semana, existe riesgo de cirrosis (1 unidad= 1 copa de vino o una cerveza; 1 whisky= 3 unidades).

Otras causas frecuentes son la hepatitis vírica (virus B y C). Las hepatitis B y C en un pequeño porcentaje pueden causar cirrosis si se cronifican. La hepatitis A no causa cirrosis.

La esteatosis hepática (hígado graso). La obesidad y la diabetes son los factores de riesgo más importantes para desarrollar una esteatosis hepática.

Otras causas menos frecuentes son la hepatitis autoinmune, hepatitis tóxica, hemocromatosis, cirrosis biliar primaria y algunas enfermedades raras.

¿Cómo se diagnostica la cirrosis hepática?

A menudo la cirrosis hepática es asintomática. De hecho es así durante largo tiempo. En ocasiones puede haber cansancio y adelgazamiento.

También pueden aparecer algunos signos como las arañas vasculares (pequeñas dilataciones de los vasos sanguíneos en la piel con forma de araña), coloración amarillenta de los ojos, orina más oscura de lo habitual o acúmulo de líquido en el abdomen. Cualquiera de estos síntomas son motivo de consulta médica, pero pueden aparecer en muchas enfermedades, no solo en la cirrosis.

En los análisis de sangre puede haber alteración de las transaminasas (aunque a veces son normales), plaquetas bajas y alteraciones de la coagulación.

Para confirmar o descartar la enfermedad tu médico te propondrá realizar pruebas. Aunque la biopsia hepática es la prueba que aporta una mayor certeza, raramente será necesaria. La combinación de síntomas, signos, análisis y pruebas de imagen permite a tu médico un diagnóstico certero en la gran mayoría de casos.

¿Cómo se trata la cirrosis hepática?

El tratamiento de la cirrosis hepática depende de la causa que la produzca y de la situación clínica de la persona que la sufra.

Es muy importante no tomar alcohol ni otros tóxicos aunque la causa original no fuera esa. Tampoco medicamentos sin consultar antes con el médico.

Es conveniente tomar una dieta equilibrada y sana. Si la dieta que se toma es variada, no hay pruebas de que aportes suplementarios de vitaminas u otros productos puedan ser beneficiosos. Los yogures probióticos (bio) pueden mejorar algunos síntomas.

Es conveniente realizar una actividad física diaria y moderada (caminar una hora diaria es lo más sencillo).

Es importante vacunarse contra la hepatitis A.

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