Esclerosis Múltiple

¿Qué es la esclerosis múltiple?

La esclerosis múltiple o esclerosis en placas es una enfermedad degenerativa del sistema nervioso central. Algunas áreas de la sustancia blanca del sistema nervioso central se inflaman sin razón aparente. Esta inflamación destruye la mielina, cubierta grasa de las células nerviosas del cerebro y de la médula espinal, que facilita la transmisión de los mensajes entre el cerebro, la médula espinal y el resto del cuerpo. Cuando hay daño de la mielina, la transmisión de los mensajes se enlentece o queda bloqueada, lo que conlleva una reducción o pérdida de algunas funciones.

La esclerosis múltiple es una enfermedad de causa desconocida y evolución impredecible. Puede ser relativamente benigna, algo incapacitante o devastadora. La mayoría de los pacientes están poco afectados, pero, en los peores casos, puede haber una incapacidad para escribir, hablar o caminar.

No es una enfermedad fácil de diagnosticar. La mayoría de las personas empiezan a sentir los primeros síntomas entre los 20 y 40 años, pero en muchos casos no se asocian inicialmente a esclerosis múltiple, lo que conduce a años de incertidumbre con aparición y desaparición de síntomas inexplicados.

La prevalencia de la enfermedad varía según las regiones. La Península Ibérica es una región de prevalencia media-alta, con 32-79 casos por 100.000 habitantes y entre 2.2 y 5.3 casos nuevos por 100.000 habitantes al año.

La esclerosis múltiple o esclerosis en placas es una enfermedad degenerativa del sistema nervioso central de causa desconocida y evolución impredecible. 

¿Cuáles son los síntomas de la esclerosis múltiple?

Los síntomas de la esclerosis múltiple son muy variados y de evolución impredecible.

Las alteraciones visuales (visión borrosa o doble, distorsión del color rojo-verde o incluso ceguera en un ojo) constituyen a menudo la primera señal. La inflamación del nervio óptico (neuritis óptica o retrobulbar) es el primer síntoma de esclerosis múltiple en un 15 por ciento de casos.

La mayoría de los pacientes con esclerosis múltiple tienen en algún momento debilidad muscular y dificultad en la coordinación y el equilibrio. Esto puede ocasionar dificultad al andar o incluso parálisis parcial o total. También puede haber aumento del tono muscular (espasticidad) que produce rigidez y fatiga, que puede mejorar con el descanso o ser constante.

También pueden presentar parestesias (sensaciones anormales y transitorias), tales como entumecimiento, hormigueo o picor. A veces hay dificultades para hablar, temblores o mareo. Raramente, pérdida de audición.

Algunas personas pueden experimentar dificultades de concentración, atención, memoria y enjuiciamiento, pero generalmente leves que pasan desapercibidos. Es frecuente la depresión.

En la mayoría de pacientes el calor puede empeorar los síntomas. Eliminar la fuente de calor, nadar o darse una ducha fría puede aliviar temporalmente los síntomas.
La carga emocional para los pacientes y sus familias es enorme. Los grupos de apoyo y los consejos pueden ayudar a los pacientes, a sus familias y amigos a encontrar formas de hacerle frente a los numerosos problemas que puede ocasionar la enfermedad.

Estos son algunos de los síntomas que puede ocasionar la esclerosis múltiple:

  • Debilidad muscular
  • Espasticidad
  • Deterioro de los sentidos del tacto, dolor, temperatura
  • Dolor (moderado a severo)
  • Ataxia
  • Temblores
  • Alteraciones del habla
  • Alteraciones visuales
  • Vértigo
  • Disfunción urinaria
  • Trastornos intestinales
  • Disfunción sexual
  • Depresión
  • Euforia
  • Anormalidades cognoscitivas
  • Fatiga

La tensión diaria o un trauma en particular no parece que tengan relación con el curso de la enfermedad.

La esclerosis múltiple no tiene efectos adversos en el curso del embarazo, el parto o el alumbramiento, a menudo los síntomas se estabilizan o incluso se reducen. Lamentablemente, entre 20 y 40 por ciento de las mujeres con esclerosis múltiple tienen una recaída a los tres meses después del parto.

¿Cuáles son las formas de presentación de la esclerosis múltiple?

Aunque la esclerosis múltiple es una enfermedad que causa síntomas muy variados y de evolución impredecible, existen varios patrones de enfermedad.

El más común es el patrón de recaída-remisión (RR), que se manifiesta como una serie de ataques seguidos de remisiones totales o parciales, para volver a recaer después de un periodo de estabilidad.

La esclerosis múltiple primaria-progresiva (PP) se caracteriza por una disminución clínica paulatina sin remisiones claras, aunque puede haber un pequeño alivio temporal de los síntomas.

La esclerosis múltiple secundaria-progresiva (SP) comienza con un curso de esclerosis múltiple de recaída-remisión, seguido de un curso posterior de esclerosis múltiple primaria-progresiva.

En raras ocasiones, los pacientes pueden tener un curso de esclerosis múltiple progresiva-recaída (PR), en el que la enfermedad sigue una trayectoria progresiva marcada por ataques agudos.

A veces, esas 3 formas se agrupan en lo que se denomina esclerosis múltiple progresiva crónica.

Además, un 20 por ciento de pacientes tiene una forma benigna de la enfermedad en la que los síntomas presentan poca o ninguna progresión después del ataque inicial. Afortunadamente pocos pacientes sufren de esclerosis múltiple maligna, con un deterioro rápido y continuo muy incapacitante en poco tiempo.

La esclerosis múltiple raras veces es mortal, la mayoría de las personas tienen una expectativa de vida bastante normal.

¿Cómo se diagnostica la esclerosis múltiple?

Para poder diagnosticar a un paciente de esclerosis múltiple, como mínimo debe haber evidencia de lesiones en el sistema nervioso central e historia de ataques múltiples. Como no existe una prueba definitiva para diagnosticarla, este proceso puede llevar meses o años, durante el cual el médico planteará el diagnóstico como posible o como probable, según los datos de los que disponga en ese momento.

La resonancia magnética con contraste ayuda a localizar en el sistema nervioso central las lesiones resultantes de la pérdida de mielina y a distinguir las lesiones (placas) nuevas de las viejas. Como estas lesiones pueden estar presentes en otros trastornos neurológicos, no son prueba absoluta de esclerosis múltiple.
Las pruebas de potenciales evocadas, que miden la velocidad de la respuesta del cerebro a estímulos, ayuda a detectar lesiones que los escáner pueden no percibir, pero tampoco son concluyentes debido a que no pueden identificar la causa de las lesiones.

El estudio del líquido cefalorraquídeo (líquido que circula a través del cerebro y la espina dorsal) para ver si contiene anormalidades celulares y químicas es otra prueba útil, pero tampoco es definitiva.
Debido a que no hay una prueba que permita diagnosticar inequívocamente la esclerosis múltiple, los médicos dirán a sus pacientes que existe la posibilidad de que tengan esclerosis múltiple ( "posible esclerosis múltiple"), que es probable que la tengan ("probable esclerosis múltiple") o que su diagnóstico es definitivo (“esclerosis múltiple definida”). Con estos criterios:
Esclerosis Múltiple definida

  • Curso consistente (curso de recaída-remisión con dos episodios separados al menos por un mes o progresión de los síntomas durante por lo menos 6 meses).
  • Signos neurológicos documentados de lesiones en más de un sitio del cerebro o de la materia blanca de la médula espinal.
  • Inicio de los síntomas entre los 10 y 50 años de edad.
  • Ausencia de otra explicación neurológica más probable.

Esclerosis Múltiple probable

  • Historia de síntomas de recaída-remisión.
  • Signos no documentados y solamente una señal actual comúnmente asociada con la Esclerosis Múltiple.
  • Un solo ataque documentado de síntomas con signos de más de una lesión de materia blanca, recuperación buena seguida por síntomas y signos variables.
  • Ausencia de otra explicación neurológica más probable.

Esclerosis Múltiple posible

  • Historia de síntomas de recaída-remisión.
  • Ninguna documentación de signos que establezcan más de una lesión de materia blanca.
  • Ausencia de otra explicación neurológica más probable.
No existe una prueba definitiva para diagnosticar a un paciente de esclerosis múltiple

¿Cómo se trata la esclerosis múltiple?

Hasta la fecha, los estudios clínicos no han podido confirmar los beneficios de ningún tipo de dieta. Lo mejor es consumir una dieta sana y equilibrada.
La fatiga, especialmente en las piernas, es un síntoma común y puede mejorar evitando la actividad excesiva y el calor.

Se ha demostrado una progresión de la enfermedad en pacientes fumadores, por lo que dejar de fumar puede prevenir el paso de la forma intermitente a la progresiva.

No existe ningún tratamiento curativo de la esclerosis múltiple. Muchos pacientes mejoran espontáneamente, lo que hace difícil valorar la eficacia de algunos tratamientos mediante la observación clínica. La valoración de las lesiones mediante la resonancia magnética con contraste está ayudando a los científicos a evaluar nuevos tratamientos.

Los principales medicamentos que se utilizan en la esclerosis múltiple son los esteroides, por sus propiedades inmunomoduladoras y antiinflamatorias. Una tanda corta de metilprednisolona administrada por vía intravenosa reduce la duración y la gravedad de los ataques en pacientes que experimentan recaídas graves, aunque no existen pruebas convincentes de que mejoren el curso de la enfermedad a largo plazo. Su utilidad en las formas progresivas de esclerosis múltiple es más incierta. Además, debido a sus numerosos efectos secundarios (acné, aumento de peso, convulsiones, psicosis) no se recomiendan para un uso prolongado.

Una vez reconocido el papel del sistema inmunológico en el desarrollo de la esclerosis múltiple, se han desarrollado varios tratamientos que interfieren la respuesta inmunológica con la finalidad prevenir la recurrencia de brotes y el acúmulo de discapacidad y así mejorar el pronóstico a largo plazo.

El interferón beta (proteina antiviral que ya existe de forma natural) es uno de ellos y el más utilizado. Reduce el número de exacerbaciones y puede contribuir a que la progresión de la incapacidad física sea más lenta. Cuando ocurren ataques, éstos tienden a ser de menor duración y menos graves.

Acetato de glatirámero, azatioprina, natalizumab, mitoxantrona, rituximab, etc. son alguno de los tratamientos inmunomoduladores de segunda línea, alguno todavía en fase experimental.

No existe ningún tratamiento curativo de la esclerosis múltiple, aunque existen medicamentos que pueden mejorar los síntomas y retrasar la discapacidad.

 

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