Enfermedad de Parkinson

¿Qué es la enfermedad de Parkinson?

La enfermedad de Parkinson es un trastorno degenerativo del sistema nervioso central que pertenece a un grupo de enfermedades llamadas trastornos del movimiento. Se produce cuando las células nerviosas, o neuronas, en un área del cerebro conocida como sustancia negra se dañan o mueren.

La prevalencia de enfermedad de Parkinson en España es de 1,7 personas por 1000, con algunas variaciones regionales. La edad promedio de inicio es de 60 años y la incidencia aumenta con la edad. Alrededor del 5 al 10 por ciento de las personas con enfermedad de Parkinson sufre la enfermedad antes de los 50 años. Estas formas de inicio temprano generalmente tienen más carga hereditaria. Se estima que entre el 15 y 25 por ciento de las personas con la enfermedad de Parkinson tiene un pariente con la enfermedad.

Es una enfermedad crónica y progresiva. Los síntomas son persistentes y empeoran con el tiempo. No es contagiosa ni hereditaria, aunque algunos casos tienen mutaciones genéticas específicas. Los investigadores creen que es consecuencia de una combinación de predisposición genética y exposición a uno o más factores ambientales que desencadenan la enfermedad y que son desconocidos.

Los cuatro síntomas principales son temblor, rigidez, lentitud en los movimientos e inestabilidad en el equilibrio. Estos síntomas comienzan gradualmente y empeoran con el tiempo. A medida que se vuelven más pronunciados, los pacientes pueden tener dificultad para caminar, hablar o completar otras tareas sencillas. No todas las personas que padecen uno o más de estos síntomas tienen la enfermedad, ya que también aparecen en otras enfermedades.

La enfermedad de Parkinson es la forma más común de parkinsonismo, nombre de un grupo de trastornos con síntomas similares. La mayoría de las formas de parkinsonismo son de origen desconocido, aunque existen algunos casos debidos a la afectación de los vasos sanguíneos cerebrales.

¿Cuáles son los síntomas de la enfermedad de Parkinson?

Inicialmente los síntomas de la enfermedad de Parkinson son muy leves. Al principio, las personas afectadas pueden tener temblores discretos en una parte del cuerpo o dificultad para levantarse de una silla o salir de la cama. Pueden notar cambios en la forma de hablar, más suave, o en su escritura, más lenta y con letra apretada o pequeña. Pueden perder la pista de una palabra o un pensamiento, sentirse cansados, irritables o deprimidos sin una razón aparente. Este período puede durar mucho tiempo hasta que los síntomas se hacen más evidentes.

Los cuatro síntomas principales de la enfermedad de Parkinson son temblor, rigidez (bradicinesia), lentitud en los movimientos e inestabilidad postural.

En ocasiones los primeros en notar cambios son los familiares o los amigos. A medida que evoluciona la enfermedad, el temblor puede interferir con las actividades cotidianas (sostener objetos, leer el periódico, asearse) y hacer que la personas consulte a su médico. Aunque el temblor es el síntoma principal para la mayoría de pacientes, algunos no lo tienen o lo tienen muy leve. Los síntomas y la evolución difieren mucho entre unos pacientes y otros.

Los cuatro síntomas principales de la enfermedad de Parkinson son temblor, rigidez (bradicinesia), lentitud en los movimientos e inestabilidad postural.

El temblor tiene una forma característica, es un movimiento rítmico hacia adelante y atrás a una velocidad de 4-6 impulsos por segundo, entre el pulgar y el índice parece que la persona está contando monedas. A menudo comienza en una mano, más evidente cuando la mano está en reposo o cuando la persona está nerviosa. Se vuelve más pronunciado unos segundos después de que las manos se apoyen en una mesa, mejora con el movimiento intencional (al ir a tomar un bolígrafo) y generalmente desaparece durante el sueño.

La resistencia al movimiento (rigidez) es muy frecuente. Los músculos están permanentemente en tensión y la persona puede tener rigidez o debilidad y sentir dolor. Cuando se intenta mover un brazo de la persona enferma tenemos la sensación de que se mueve a saltos, como una rueda dentada.

El retardo y pérdida del movimiento espontáneo y automático (bradicinesia) es particularmente incómodo porque se tornan difíciles las tareas más simples. La persona no puede realizar rápidamente movimientos rutinarios y pueden necesitar varias horas para realizar actividades rutinarias sencillas como asearse o vestirse.

La dificultad para mantener el equilibrio (inestabilidad postural) hace que las personas se caigan fácilmente. A menudo desarrollan la llamada marcha parkinsoniana con tendencia a inclinarse hacia adelante, dar pasos pequeños y rápidos como apurándose hacia adelante con poco balanceo de los brazos.

Aparte de estos síntomas principales y más frecuentes, la persona con enfermedad de Parkinson, puede tener:
• Cambios emocionales o depresión.
• Dificultad para tragar y masticar por los problemas de coordinación muscular.
• Cambios en el habla, generalmente voz monótona y suave.
• Algunas personas pueden volverse incontinentes mientras que otras tienen problemas para orinar, por alteración del esfínter de la vejiga.
• Estreñimiento, debido a que el tracto intestinal funciona con mayor lentitud. Algunos medicamentos usados para tratar la enfermedad también pueden contribuir en el estreñimiento.
• Problemas para dormir.
• Algunas, pero no todas las personas con enfermedad de Parkinson, pueden desarrollar problemas de memoria y tener un pensamiento lento.
• La rigidez y falta de movimiento normal a menudo causan calambres musculares, especialmente en las piernas y dedos de los pies.
• Algunas personas tienen músculos y articulaciones doloridos debido a la rigidez y a posturas anormales a menudo asociadas con la enfermedad.
• Fatiga y pérdida de la energía, sobre todo al final del día.
• A menudo existe disfunción eréctil y deseo sexual disminuido.

¿Cómo se diagnostica la enfermedad de Parkinson?

El diagnóstico de enfermedad de Parkinson se basa en la historia clínica y en un examen neurológico detallado.

El diagnóstico de enfermedad de Parkinson se basa en la historia clínica y en un examen neurológico detallado, no existe ninguna prueba de laboratorio ni de imagen que ayude a diagnosticar la enfermedad de Parkinson.

Actualmente no existe ninguna prueba de laboratorio ni de imagen que ayude a diagnosticar la enfermedad de Parkinson. Sin embargo es posible que su médico le recomiende realizar pruebas de laboratorio y de imagen (TAC o resonancia magnética) con el fin de descartar otras enfermedades que cursan con síntomas parecidos.
La enfermedad puede ser muy difícil de diagnosticar inicialmente, ya que los signos y síntomas tempranos de Parkinson pueden confundirse con los del envejecimiento normal.

Su médico puede necesitar observarle durante algún tiempo hasta que considere los síntomas y signos mente relacionados con la enfermedad de Parkinson.

¿Qué medidas generales son útiles en la enfermedad de Parkinson?

Aunque la enfermedad de Parkinson evoluciona lentamente, con el tiempo pueden afectarse las relaciones sociales, la vida laboral y la vida familiar.

Grupos de apoyo. Esos cambios pueden ser difíciles de aceptar. Los grupos de apoyo pueden ayudar en los aspectos emocionales de la enfermedad y brindar información, consejos y experiencia para orientar y ayudar a las personas con Parkinson, sus familias y cuidadores.

Dieta. Actualmente no hay ningún complemento dietético ni tipo especial de dieta que sea especialmente beneficioso para las personas con enfermedad de Parkinson. Una dieta normal y sana puede promover su bienestar general como lo haría con cualquier otro. Comer una dieta rica en fibra y beber líquidos en abundancia puede ayudar a aliviar el estreñimiento. Una dieta rica en proteínas puede limitar la eficacia de la levodopa.

Ejercicio físico. El ejercicio puede ayudar a las personas con enfermedad de Parkinson a mejorar su flexibilidad, movilidad, equilibrio y bienestar emocional. El asesoramiento de un fisioterapeuta puede resultar útil para diseñar un programa personal estructurado de ejercicios. También es beneficiosa una mayor actividad física general como caminar, hacer jardinería, o nadar. Pregunta a tu médico sobre lo más conveniente.

Terapias complementarias. Las personas con enfermedades crónicas suelen recurrir a terapias complementarias o alternativas como masajes, yoga, tai chi, hipnosis o acupuntura. Existen estudios limitados que sugieren escasos beneficios con alguna de estas terapias, pero no retardan la enfermedad de Parkinson y no hay evidencia convincente de que sean beneficiosas.

¿Cómo se trata la enfermedad de Parkinson?

Actualmente, no existe una cura definitiva para la enfermedad de Parkinson, pero los medicamentos o incluso la cirugía pueden aliviar mucho los síntomas.

Los medicamentos para la enfermedad de Parkinson comprenden tres categorías. La primera categoría comprende medicamentos que aumentan el nivel de dopamina en el cerebro o imitan su acción. El medicamento más usado de este primer grupo es la levodopa. La levodopa reduce los temblores y mejora la movilidad de los pacientes con enfermedad de Parkinson en las etapas tempranas de la enfermedad, permitiendo llevar una vida relativamente normal durante mucho tiempo.
Habitualmente se precisa cada vez una dosis mayor y más repartida a lo largo del día. Con el tiempo pueden aparecer efectos adversos como las discinesias (movimientos involuntarios como los tics, retorcimientos y contorsiones), cambios bruscos de situación (fenómeno on-off) y pérdida de eficacia. Los Inhibidores de la MAO-B (selegilina) aumentan y prolongan la respuesta a la levodopa. Los Inhibidores de la COMT (entacapona y tolcapona) prolongan los efectos de la levodopa evitando la descomposición de la dopamina y pueden disminuir la duración de períodos de empeoramiento rápido y generalmente posibilitan la reducción de la dosis de levodopa de la persona.

Existen otros medicamentos que imitan el papel de la dopamina en el cerebro, como los agonistas de la dopamina (bromocriptina, apomorfina, pramipexol y ropinirol) que además pueden asociarse a levodopa y prescribirse en fases tempranas de la enfermedad.

La segunda categoría de medicamentos para la enfermedad de Parkinson implican a otros neurotransmisores y alivian otros síntomas de la enfermedad. Por ejemplo, los medicamentos anticolinérgicos, que interfieren con la producción y la captación de la acetilcolina. Estos medicamentos ayudan a reducir los temblores y la rigidez muscular, que pueden deberse a tener más acetilcolina que dopamina.

La tercera categoría de medicamentos útiles en esta enfermedad ayuda a controlar los síntomas que no afectan el movimiento. Por ejemplo, se puede recetar antidepresivos a las personas con depresión relacionada con la enfermedad.

La amantadina, un medicamento antiviral, puede ayudar a reducir los síntomas de la enfermedad de Parkinson y la discinesia producida por la levodopa. Los anticolinérgicos (trihexifenidil, benztropina y etopropazina) disminuyen la actividad de la acetilcolina y ayudan a reducir los temblores y la rigidez muscular. Tanto la amantadina como los anticolinérgicos funcionan en un grupo reducido de pacientes y pierden eficacia con el tiempo bastante rápido.

A pesar de los grandes progresos en las técnicas quirúrgicas, la utilidad de la cirugía está limitada a personas con enfermedad avanzada para quienes la terapia medicamentosa ya no es suficiente.

Aunque inicialmente se emplearon la palidotomía (procedimiento donde se lesiona una parte del cerebro llamada globo pálido) y la talamotomía (procedimiento en el cual una porción del tálamo cerebral se destruye quirúrgicamente), actualmente se usa la Estimulación cerebral profunda (un electrodo implantado en parte del cerebro que inactiva temporalmente algunas de las señales que produce).

La estimulación cerebral profunda no es una buena solución para todos ni evita que el Parkinson evolucione, aunque sí parece mejorar sus síntomas.

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