Enfermedad de Alzheimer

¿Qué es la enfermedad de Alzheimer?

 La enfermedad de Alzheimer es la causa más frecuente de demencia en personas mayores de 65 años. No suele aparecer antes de los 60 años, salvo que se relacione con un defecto genético, en cuyo caso puede aparecer incluso antes de los 30. Estas personas viven un promedio de 8 a 10 años después de su diagnóstico, aunque algunas pueden llegar a vivir hasta 20 años.

La enfermedad de Alzheimer es una enfermedad del cerebro, de causa desconocida, que afecta de forma gradual a casi todas las funciones que dependen de él: memoria, movimiento, lenguaje, juicio, comportamiento y pensamiento abstracto.

En las etapas iniciales las personas con enfermedad de Alzheimer pueden experimentar un deterioro discreto de la memoria y pequeños cambios de personalidad.
A medida que avanza la enfermedad, empeora la memoria y el lenguaje y comienzan a tener problemas de orientación y dificultad para desempeñar sus actividades diarias. Pueden padecer delirio (creer que alguien les está robando o celos), mal humor, irritabilidad y problemas de conducta, a veces con agresividad y agitación. Mas tarde pueden tener dificultad para reconocer a sus familiares y para hablar y verse afectadas las emociones y el comportamiento de la persona.

Con el tiempo pierden parte de sus funciones motoras hasta encamarse. Los pacientes con la enfermedad de Alzheimer avanzada muchas veces mueren de neumonía porque se atragantan con facilidad y los alimentos pasan a los pulmones porque no pueden expectorar.

¿Cómo se diagnostica la Demencia?

Cuando una persona tiene síntomas compatibles con demencia son necesarias una serie de pruebas para descartar procesos que tienen síntomas similares y para hacer un diagnóstico lo mas certero y precoz posible. Un diagnóstico precoz permite a los pacientes y familiares planificar el futuro e instaurar cuanto antes el tratamiento más apropiado.

Si consultas a un médico por este motivo no estaría de más que te acompañara un familiar próximo, si no lo ves inconveniente. Muchas personas no se dan cuenta de estos síntomas.

El médico te preguntará sobre los síntomas, cuando empezaron, cómo te interfieren en tu vida, etc. Los datos que el médico obtiene son muy importantes para diagnosticar demencia y pueden orientarle en el tipo específico de enfermedad que la causa. También te hará una exploración detallada buscando algún tipo de signo de alteración neurológica.

Puede que te haga un test con preguntas predefinidas para valorar de forma más objetiva tu capacidad de orientación (donde te encuentras, por donde viniste), memoria (recordar 3 palabras: peseta-caballo-manzana), capacidad para nombrar características de los objetos (frutas, colores), seguir órdenes verbales y escritas, escribir frases de manera espontánea y copiar una figura geométrica compleja. Es frecuente utilizar una versión traducida y validada del Mini Mental Test  (Mini Mental State Examination o MMSE).

Es probable que te proponga hacer pruebas complementarias. Desafortunadamente no hay una prueba diagnóstica específica de la demencia y tanto los análisis como las pruebas de imagen sirven más para descartar otro problema que para confirmar un diagnóstico concreto.

Para el diagnóstico, puede que tu médico te haga un test con preguntas predefinidas para valorar de forma más objetiva tus capacidades y es probable que te proponga hacer pruebas complementarias.


Es habitual hacer algunos análisis para descartar problemas que pueden simular una demencia: hemograma completo, glucosa, electrolitos, calcio, análisis de orina y pruebas tiroideas, son pruebas rutinarias. Dependiendo de los datos que el profesional haya obtenido en la historia y en la exploración física puede considerar necesario hacer más determinaciones. No es infrecuente que el médico te proponga realizar además serología de sífilis y VIH, si existe alguna sospecha clínica de que estas infecciones puedan ser la causa

La tomografía axial computerizada (TAC) y la resonancia magnética nuclear (RMN) son pruebas de imagen que permiten detectar tumores, accidentes cerebrovasculares, atrofia cerebral (que se produce a medida que van muriendo las neuronas), cambios en los vasos sanguíneos, hidrocefalia (aumento de líquido y de presión en el cerebro) y hematomas subdurales.

La realización de análisis genéticos para la detección de mutaciones causales solo está indicada en pacientes con enfermedad de Alzheimer que tienen una historia familiar autosómica dominante (una herencia dominante) y los síntomas se han iniciado antes de los 60 años. La conveniencia e indicación de estas pruebas deben hacerse en unidades especializadas en consejo genético.

Cuidados generales de la persona con demencia

La persona que cuida de un paciente con demencia necesita tener mucha paciencia y comprensión.

Las personas con demencia deben mantener el máximo de independencia el mayor tiempo posible. Deben usar alguna forma de identificación por si salen a pasear y se pierden. En algunos casos será conveniente evitar que salgan sin compañía.

Cuando la demencia está avanzada necesitan atención las 24 horas del día. Precisan ayuda para comer, bañarse y vestirse y alguien que les supervise para evitar que se dañen a sí mismas o a los demás.

Es preciso revisar la casa buscando obstáculos y peligros y hacer los cambios necesarios para evitarlos. Por ejemplo: guardar bajo llave productos u objetos peligrosos, como la lejía o los cuchillos, evitar el gas como sistema de calefacción o cocina.

Instalar barras de seguridad en las orillas de la cama y en el baño, retirar los cerrojos de las puertas de los dormitorios y baños. 

Bajar la temperatura del agua caliente a 50°C o menos para evitar que la persona se queme.

Simplificar la decoración de la casa retirando objetos innecesarios, no cambiar las cosas de sitio y poner al alcance del paciente los que usa a diario. Por ejemplo colocar la ropa, las gafas o las llaves en un sitio fácilmente accesible. Retirar alfombras deslizantes que puedan suponer un riesgo para caídas.

Mantener un horario estable, simplificar la rutina diaria, usar recordatorios y calendarios, etiquetar los objetos de uso habitual y colocar relojes bien visibles puede ayudar a los pacientes a orientarse.

Es conveniente que las personas con demencia sigan con sus actividades habituales de esparcimiento, siempre que sean seguras y no le causen frustración. Los trabajos manuales, los juegos de mesa, la lectura del periódico y la música pueden suponer un estímulo mental y mejorar su ánimo.

Conducir no es una actividad segura para las personas con demencia. Pueden tener dificultad para procesar información con la rapidez necesaria y enfrentarse a circunstancias imprevistas, para respetar las reglas de tráfico o para recordar un trayecto y pueden poner en peligro a otras personas. La familia debe asegurarse que la persona enferma no conduzca.

La carga emocional y física para una persona que cuida a alguien que padece de demencia, es enorme y debe buscar ayuda. Es importante que los cuidadores puedan ausentarse del cuidado de un paciente algún tiempo a lo largo del día.

Un cambio repentino en el entorno o las situaciones frustrantes pueden hacer que las personas que tienen demencia se alteren. Por ejemplo, realizar una tarea más o menos compleja, vestirse o dar una respuesta equivocada a una pregunta puede provocar frustración. Como consecuencia, la persona puede llorar, enfadarse e intentar herir a otras personas de la misma forma.

Es conveniente que los cuidadores eviten las situaciones en las que el paciente pueda frustrarse intentando que las tareas sean más fáciles y evitando situaciones difíciles. No discutir. A veces, por la tarde, pueden ponerse peor. Reconducir la situación con amor y paciencia.

Si las alucinaciones producen miedo, intente distraer a la persona haciéndola participar en alguna actividad agradable. Si la persona tiene dificultades para dormir:

  • Coloca relojes donde la persona pueda verlos para que sea más consciente de la hora que es.
  • Mantén las cortinas y las persianas abiertas de día y de noche.
  • Que no tome café o té, salvo que sea sin cafeína.
  • Intenta que haga ejercicio todos los días.
  • No le permitas dormir demasiado durante el día.
  • Haz que su dormitorio sea un lugar tranquilo.
  • Deja una luz tenue encendida por la noche, para disminuir la confusión y el miedo.

Está bien que el paciente pasee sin rumbo por un lugar seguro, como un patio cercado. La actividad física regular, como caminar, puede retrasar las dificultades en la movilidad, que son comunes en estas personas.

Animar a hablar sobre el pasado, puede ser bueno en las personas con demencia leve a moderada.

¿Cómo se trata la enfermedad de Alzheimer?

Lo más importante para una persona con demencia es que reciba el cuidado y el apoyo que precisa de su familia, los servicios sociales y los profesionales sanitarios. Cada paciente tiene unas necesidades concretas que varían a lo largo del tiempo y que precisan un plan personalizado de atención.

No existen tratamientos que consigan curar ni detener el progreso de la enfermedad de Alzheimer. Existen algunos tratamientos farmacológicos que pueden mejorar algunos síntomas, aunque no detienen ni revierten el daño cerebral existente. La respuesta a estos tratamientos puede variar mucho de unas personas a otras, por lo que es muy importante individualizar las indicaciones y sobre todo hacer un estrecho seguimiento que permita valorar si realmente esa persona se beneficia del medicamento.

Los inhibidores de la colinesterasa son fármacos específicos para el tratamiento de la demencia. Estos medicamentos aumentan el nivel de la acetilcolina (una sustancia química que ayuda a conectar las neuronas) en el cerebro porque retardan su descomposición. La acetilcolina es importante para la memoria y está disminuida en personas con la enfermedad de Alzheimer. Actualmente hay disponibles tres inhibidores de la colinesterasa para el tratamiento de las demencias: donepezilo (Aricept, Donepezilo genérico), rivastigmina (Exelon, Prometax, Rivastigmina genérica) y galantamina (Reminyl).

Los inhibidores de la colinesterasa no muestran diferencias relevantes entre ellos respecto a los perfiles de eficacia y seguridad. Su indicación en la enfermedad de Alzheimer leve o moderada (puntuaciones en el Mini Mental Test superiores a 10 puntos) es muy debatida. Algunos estudios demostraron mejoría de los síntomas cognitivos (por ejemplo capacidad para pensar, crear o razonar) y funcionales (por ejemplo capacidad para asearse, vestirse, manejar dinero) en algunos pacientes con un beneficio dudoso de las alteraciones conductuales y sin un beneficio demostrado en la calidad de vida. La respuesta individual a los distintos fármacos puede variar, por lo que es inexcusable un seguimiento estrecho para valorar la efectividad en cada persona. Otros trabajos de revisión no les encontraron utilidad.

El uso de estos fármacos en la enfermedad de Alzheimer es muy controvertido, ya que habitualmente los beneficios, cuando los hay, son escasos, los efectos adversos son frecuentes y el coste del tratamiento es muy alto. Por esto la agencia inglesa de evaluación de tecnologías (NICE) recomienda que el tratamiento siempre sea indicado por un especialista, que su hipotético beneficio sea evaluado con revisiones periódicas de la persona que lo recibe y que se interrumpa en el momento en el que se considere que no aporta beneficio relevante.

Un cuarto fármaco, la memantina (Axura, Ebixa), actúa bloqueando la acción del neurotransmisor glutamato, implicado en la degeneración neuronal de la enfermedad de Alzheimer. Puede tener un papel en la enfermedad de Alzheimer grave (puntuaciones en el Mini Mental Test inferiores a 10 puntos) o cuando no se toleren los inhibidores de la colinesterasa en enfermedad de Alzheimer moderada (puntuaciones en el Mini Mental Test superiores a 10 puntos). Aunque su eficacia es discreta, puede mejorar los síntomas cognitivos a las 12 semanas y los funcionales a las 24-28 semanas.

Los inhibidores de la colinesterasa deben utilizarse con mucha precaución en pacientes con antecedentes de epilepsia, asma o enfermedad pulmonar obstructiva, arritmias, síncopes, presión arterial baja, ulcera péptica, retención urinaria, insuficiencia renal o hepática. La memantina debe utilizarse con precaución en pacientes con antecedentes de epilepsia, insuficiencia renal y retención urinaria.

En la enfermedad de Alzheimer también pueden ser útiles los anticonvulsivantes, los sedantes o los antidepresivos si la persona sufre ataques convulsivos, depresión, agitación, insomnio u otros problemas que pueden ocurrir en la demencia.

Los medicamentos neurolépticos como la clozapina y la olanzapina pueden reducir los síntomas psiquiátricos, aunque pueden tener efectos secundarios importantes.

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